21 jun. 2011

Día 9: Edmond - Erick

Un viaje no es completo si no te pasa algo que puedas contar. Imaginaos la situación: El pueblo, Erick (Oklahoma), aproximadamente unos 1.000 habitantes, dos de ellos locos como cabras, dos calles, un supermercado y a 180 km de Amarillo, la ciudad medianamente grande más cercana. Alrededor, solamente campos y llanuras. Pues bien, el caso es que una persona cuyo nombre no puedo decir, pero que viaja conmigo y no soy yo, ha ido a buscar algo al maletero del coche y... bueno, digamos que las llaves han preferido quedarse encerradas dentro. Cosas que pasan. Ahora estamos a la espera de que la compañía de alquiler del coche nos pueda llevar mañana con la grúa al concesionario Hyunday de Amarillo y abrirnos el maletero. Hoy no hay nada que hacer porque está todo cerrado y aparte el nuestro es un modelo de coche tan nuevo, que solamente los de Hyunday pueden abrirlo. Hemos pensado en pegarle una pedrada al cristal y p'alante, pero haremos las cosas bien hechas.

Lo bueno es que por lo menos esto nos ha pasado estando en la habitación del motel, con el ordenador, la cámara, el dinero, el móvil y la documentación encima. A las malas, haremos el cambio de estado de Oklahoma a Texas montados en una grúa en lugar de en el coche y nos perderemos un par de paradas que queríamos hacer. Os mantendremos informados.


En cuanto a la jornada de hoy, me ha gustado bastante más que la de ayer. Para empezar, decir que Oklahoma es una tierra en la que tiene que ser duro vivir. Imaginaos que hasta donde se pierde la vista no hay mas que una llanura, casi sin árboles, sin montañas. Solamente un sol inclemente y un viento al que nada frena, constante, fuerte... ríete tu de la Tramuntana de l'Empordà. Conduciendo por estas rectas interminables no he podido evitar pensar en como lo tuvieron que pasar los campesinos que emigraron por esta misma carretera a buscarse la vida en California. Recomiendo a todo el mundo que se lea Las Uvas de la Ira y me entenderá.



Lo divertido de recorrer la Ruta 66 es precisamente eso, recorrerla, porque a parte del camino marcado, hay multitud de tramos mas o menos escondidos que tienes que ir encontrando y que te pueden deparar un lago, o un puente de hierro, o las ruinas de una gasolinera abandonada. Podríamos ir mas rápidos y más cómodos por la autopista, pero éste es nuestro viaje a Ítaca, no una competición de carreras.


Hoy también hemos visitado dos museos muy majos sobre la ruta. El primero de ellos, en Clinton, muestra la evolución de la ruta desde su nacimiento hasta los años 70. Dentro hay coches de cada época, la reconstrución de un Dinner de los 50, una furgoneta hippy de los 60 y multitud de objetos y curiosidades, ha valido mucho la pena y no es caro, sólo 4$ por cabeza.


Dentro del museo nos hemos encontrado con otra pareja de Barcelona que también están haciendo la 66 como viaje de novios. Además resulta que ya sabían de nuestra existencia, porque vieron nuestra firma en el libro de visitas del Gay Parita Sinclair y la hija de Gary les habló de unos Catalanes que habían pasado un rato antes. La única diferencia es que ellos lo están haciendo en una Harley (con senyera incorporada), que aunque seguro que no les dará ningún problema con las llaves, se lo está haciendo pasar mal con el aire y el sol. Un abrazo para ellos si llegan a leer esto y buen viaje!


Y por último, en Elk City, hay un museo al aire libre que es una reconstrucción de un pueblo de finales del siglo XIX, principios del XX. Lo tiene todo, teatro, cárcel, estación de tren, funeraria, salón. Y lo mejor de todo: es gratis.
Día 8: Claremore - Edmond
Desde que ayer entrásemos en Oklahoma todo lo que rodea a la ruta ha pasado de ser nostálgico a ser decadente. Éste es el estado de los moteles cerrados, las gasolineras en ruinas, los coches oxidados...
¡Otra vez en la ruta!
Bueno, al final después de muuchas llamadas y varias horas de espera, aquí estoy dentro del coche escribiendo para deciros que...
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