1 ago. 2014

Puente de Brooklyn: Unas vistas de postal

Después del rollo patatero del viaje y la aduana, nos quedaba una tarde libre para empezar a descubrir la ciudad de Nueva York y hemos decidido salir a caminar sin un plan muy concreto. Estamos alojados en un hotel en pleno Chinatown, y muy cerca de los dos puentes que unen Brooklyn y Manhattan, así que primero hemos dado una vuelta por el barrio. Aún no lo hemos podido ver a fondo, pero parece más auténtico que los barrios chinos de San Francisco y Londres. Sin saber cómo, hemos acabado pasando por Columbus park, un pequeño parque donde los chinos juegan al Xiangqi o al Mahjong y tocan música con instrumentos de su cultura.


Luego, tras nuestro primer Hot-Dog comprado en un puesto ambulante, nos hemos dirigido al puente de Brooklyn para cruzarlo a pie. Según se avanza, se nos van mostrando la mayoría de los monumentos que uno puede querer ver en Nueva York: a lo lejos el Empire State y el Chrysler Building, más cerca, el nuevo World Trade Center, y un poco más allá, la estatua de la libertad.



Pero lo que más nos ha gustado son las vistas desde la otra orilla, la de Brooklyn, y desde éste rincón en especial:


Se trata de una pequeña playa de guijarros, al pie del Manhattan Bridge, donde la vista es fenomenal. Los dos puentes y el skyline de la ciudad al fondo, conforman esa imagen que todos tenemos de New York, y que vale la pena admirar relajadamente.

Al otro lado del puente de Brooklyn se encuentra el Brooklyn Bridge Park, un parque al que los Neoyorquinos acuden para tumbarse en la hierba, comer algo, o simplemente sentarse en un banco a mirar la ciudad. También nos ha encantado, y seguro que volveremos para ejercer cualquiera, si no todas, las actividades aquí mencionadas.

Otra cosa que también nos ha gustado ha sido el camino de vuelta al hotel. El anochecer nos ha cogido cruzando el puente de Manhattan, que aunque no sea ni de lejos tan conocido y turístico como el de Brooklyn, ofrece una panorámica preciosa de la ciudad y sin el agobio de las multitudes. Y a pesar de ser ya de noche, en ningún momento nos ha dado sensación de inseguridad, mas allá de las vibraciones cada vez que lo cruzaba un tren.



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