7 ago. 2014

Día 7 - Coney Island

Hoy se nos caducaba la Metro Card que compramos hace siete días. Con esta tarjeta se pueden usar los transportes públicos de Nueva York de manera ilimitada, así que la hemos exprimido al máximo y hemos ido a Coney Island, casi a una hora en metro desde Manhattan.

Coney Island era la zona de ocio favorita de las clases populares de Nueva York. Antaño contaba con numerosos parques de atracciones situados junto a la playa. Hoy en día solamente queda uno de estos parques, y la zona se está revitalizando poco a poco tras años de decadencia.


El Luna Park, que así se llama el parque de atracciones, se trata de un recinto abierto a la playa y a la ciudad, por el que se puede circular libremente. El día estaba un poco tonto, y el recinto no estaba abarrotado, pero aún así había un buen ambiente, como el de una pequeña feria de pueblo de las de toda la vida.



Cada atracción se paga por separado. Atracciones en general bastante modernas, excepto la gran noria Wonder Wheel (desde 1920) y la Cyclone, una montaña rusa de madera construida en 1927 y que vista desde la calle parece que esté abandonada y se vaya a caer a pedazos en cualquier momento. No hemos podido evitar probarla y pese a sus 87 años, no tiene nada que envidiar a las virguerías espectaculares de hoy en día. Velocidad y adrenalina pura. En resumidas cuentas, Coney Island nos ha parecido un buen lugar para desconectar del estrés de la gran manzana.
 
Después de eso, hemos ido a Nathan's Famous, el restaurante responsable de que en todo el mundo se coman perritos calientes. Resulta que los Hot Dogs, tal como se conocen hoy en día, se inventaron en Coney Island en 1867, cuando un carnicero alemán intentó replicar la fórmula de las salchichas originarias de Europa y comenzó a venderlos en carritos junto a la playa. Poco después, en 1916, abría Nathan's, que llevó el invento a un nuevo nivel, instalando carritos en las calles de Nueva York primero, y del resto del país después.


El primer restaurante de Nathan's sigue ahí, y por mucha fórmula original que sigan manteniendo, no dejan de ser Hot-Dogs. Están igual de buenos o malos que los que se pueden comprar en los miles de carritos de las calles de Nueva York.

Por la tarde no hay mucho que contar, hemos ido a relajarnos paseando por el gran embalse de Jacqueline Kennedy, en el norte de Central Park, que aún no habíamos visto...


 ...y después del relax a estresarnos con el metro en la hora punta. Esta ciudad tiene de todo, pero lo que más tiene la gente es prisa y estrés.




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