6 ago. 2014

Día 6 - La Estatua de la Libertad y el 11-S

Hay dos maneras de ver la Estatua de la Libertad. Se puede tomar el ferry gratuito desde Manhattan a Staten Island, y verla pasar desde el barco, o se pueden pagar unos 15€ y acceder a Liberty Island. En nuestro caso hemos preferido verla desde la propia isla, así que llevábamos reserva con día y hora para ahorrar colas, cosa que hemos conseguido solo en parte.



Un consejo, si se quiere acceder al pedestal o a la cabeza de la estatua (en este caso hay que pagar 21$), hay que reservar en la web de State Cruises con mucha antelación. Nosotros lo hicimos hace un mes y ya no había posibilidad de acceder a la corona, así que nos ha tocado conformarnos con en el pedestal. Como ya he dicho, las colas para comprar los billetes del ferry y luego pasar el control de seguridad son kilométricas, otra razón para reservar on-line.


Para llegar, todo ha ido bien, según el barco se acerca a Liberty Island, las vistas desde la cubierta superior son muy guapas. Dentro del pedestal de la estatua se encuentra la antorcha original de 1886 y un museo interesante con maquetas, proyectos descartados, las técnicas de construcción utilizadas, el impacto en la sociedad de la época...


El mirador del pedestal ofrece muy buenas vistas del sur de Manhattan, New Jersey y Brooklyn, y además no está demasiado abarrotado gracias al sistema de reservas. La cámara de fotos ha hecho horas extras hoy.

Ellis Island
Tras salir de Liberty Island, el ferry hace una parada en la vecina Ellis Island, la isla donde llegaban los barcos cargados de inmigrantes a principios del siglo XX. Tras grandes colas eran registrados, y admitidos, repatriados o detenidos según el criterio de los oficiales de Estados Unidos. El edificio en sí, y las exposiciones de objetos y fotografías son interesantes, pero para hacer aún más realista la visita aún nos deparaban una gran experiencia: sentirte como uno de los inmigrantes de antaño, haciendo dos horas de cola para el ferry de regreso a Manhattan.

9-11 Memorial y Museo
Con el tiempo justo por culpa del ferry, hemos llegado al museo conmemorativo del 11 de Septiembre. La zona del World Trade Center aún está en proceso de reconstrucción. La Freedom Tower ya domina el cielo de Nueva York, aunque aún no está abierta al público, y otros edificios están creciendo alrededor de la zona cero. Lo que si que está acabado es el monumental homenaje a las víctimas de los atentados de 2001. Dos enormes huecos se hunden en el lugar exacto donde antes estaban las torres gemelas, con el agua cayendo hacia el vacío y los nombres de los fallecidos inscritos alrededor.



Entre ambos pozos se encuentra el acceso al museo del 11-S, un gran espacio subterráneo donde los americanos exhiben toda su maestría para tocar los sentimientos del visitante. Es imposible salir de ahí sin haberse emocionado por los objetos e historias personales expuestas.

Por un lado se pueden ver elementos impresionantes, como por ejemplo las retorcidas vigas de hierro del lugar exacto donde impactó uno de los aviones, dos camiones de bomberos y una ambulancia que quedaron sepultados bajo los escombros, la única ventana de todo el edificio que no se rompió, o la escalera por la que escaparon la mayoría de los supervivientes, emplazada exactamente en su ubicación original.


Por otra parte está el lado más personal, con las fotos de todas las víctimas, objetos personales, llamadas que dejaron en los contestadores de sus familias... Hay un memorial donde se cuenta la vida de cada uno de los fallecidos, quienes fueron, qué recuerdo tienen de ellos sus familiares. Es difícil no acabar un poco tocado cuando se acaba la visita. También hay un recuerdo para las víctimas del pentágono y del otro avión que se estrelló sin impactar en su objetivo.

No voy a entrar en teorías de la conspiración, ni en el debate de si los muertos de occidente valen más que los de países menos desarrollados. Mi opinión personal es que no se nos ha dicho toda la verdad de lo que pasó aquel día, ni probablemente la lleguemos a conocer nunca. Lo que es innegable es que aquello fue una gran tragedia, que murieron miles de personas, cada una con sus proyectos, seres queridos y preocupaciones, y me parece que un homenaje como este memorial y su museo son dignos de visitar con el mayor de los respetos.

Por cierto, otro consejo ya que estamos. La visita al museo es gratis todos los martes por la tarde, pero hay que hacer reserva 15 días antes por internet. Si no, son 24$.
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