4 ago. 2014

Día 4 - Más Central Park y el Empire State

Hoy el día ha empezado con un buen desayuno en el Cup and Sauce, el dinner menos turístico de New York, a dos calles del hotel, pequeño, feo y ruinoso con avaricia, pero con buena y abundante comida, barato, y además con un servicio más que simpático, cosa difícil de encontrar en esta ciudad.


Luego hemos ido a echar la foto de rigor al Flatiron Building, y a pasear por los parques Madison Square y Union Square. Paseo un poco decepcionante en verdad, ya que habíamos leído que en dicho parque hay un mercado de comida muy animado, y lo único que hemos encontrado han sido cuatro paradas de pintores y poco más. Eso sí, desde la 5a planta de DSW, una tienda de ropa al sur de dicho parque, hay unas vistas muy bonitas del Empire State y otros rascacielos de la ciudad.




Lo siguiente ha sido volver al Central Park para probar eso de darse una vuelta por el lago en una barca de remos. Por 15$ la hora se puede disfrutar de una experiencia divertida. Para alguien como nosotros, que en nuestra vida habíamos cogido un remo, no nos ha costado mucho cogerle el tranquillo. Mucho menos que otra gente que hemos visto chocando unos con otros, contra los árboles de la orilla, navegando marcha atrás...


Aparte de la vuelta en barca, también hemos visto la parte sur del parque. Hay un zoo, un pequeño parque de atracciones, campos de béisbol, teatros, escenarios para conciertos, músicos y artistas callejeros, etc. Este parque es inmenso, y tiene rincones para que casi cualquier tipo de persona encuentre una actividad a su medida.


Y para terminar, hemos querido subir al Empire State Building. Es uno de esos lugares obligados para cualquier turista, sin embargo, tiene sus pros y sus contras. A su favor hay que decir que el hall del edificio es espectacular, con un mural del edificio decorando la alta pared del fondo, y una vez pasadas las colas del control de seguridad y los ascensores, las vistas desde el mirador de la planta 86 son una maravilla, de esas cosas a las que las fotos no hacen justicia. Lo malo, que está sobre-explotado: las vistas molan, pero sólo cuando consigues hacerte un hueco entre la maraña de gente agolpada contra la valla del mirador.



Nuestra idea inicial era subir a última hora de la tarde, para echar fotos diurnas, y esperar a que se hiciera de noche para tener nuestras fotos nocturnas. Como ya hemos dicho, el mirador estaba bastante abarrotado ya de por sí, y además de los ascensores no paraba de salir gente, aparentemente con la misma idea que nosotros. El ambiente se iba volviendo más agobiante por momentos, tampoco ayuda que no haya ni una sola zona para sentarse, y que el staff esté continuamente llamando la atención a cualquiera que se siente en el suelo para descansar las piernas. Está claro que quieren que suba la mayor cantidad de gente posible, y una vez arriba, que bajen rapidito para que otros suban y seguir haciendo caja. Pese a todo, como ya hemos dicho, las vistas valen tanto la pena que ganan a todas las pegas e incomodidades. Un buen consejo sería ir a primera o última hora (cierran a las 2 de la madrugada) para evitar estas aglomeraciones.


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