26 abr. 2013

Visitando el RMS Queen Mary

Una de las muchas cosas que se pueden hacer en Los Ángeles, si se tiene tiempo, es pegarse una escapada hasta Long Beach y visitar el RMS Queen Mary, un auténtico transatlántico de época, hoy reconvertido en hotel flotante, atracción turística y museo.


Primero hagamos un poco de wiki-historia para saber cómo acabó un barco así en un puerto de los Estados Unidos.  Construido en la época dorada de los transatlánticos de lujo, realizó su viaje inaugural en Mayo de 1936, como buque insignia de la Cunard White Star Line, y rápidamente gozó de gran popularidad. Ostentó la Banda Azul, condecoración otorgada al barco de pasajeros más rápido en cruzar el Atlántico, desde el año 38 hasta el 52. Con sus 310 metros de eslora y 36 de manga, era uno de los navíos más grandes jamás construidos. El interior era de estilo ArtDecó, y entre sus lujos se encontraban dos piscinas cubiertas, una galería comercial y un gran comedor que abarcaba tres pisos de altura.


En el año 1941 fue acondicionado como transporte de tropas durante la segunda guerra mundial, llegando a transportar 15.000 soldados por viaje. Alcanzó tal importancia estratégica, debido a su gran velocidad, que Hitler ofreció recompensa por su hundimiento.

Cañón antiaéreo, vestigio de la segunda guerra mundial.

En 1946 fue restaurado como crucero de pasajeros, pero eran otros tiempos y el avión poco a poco fue desplazando a los grandes transatlánticos como medio de transporte para ir de Europa a América. Así empezó la decadencia del Queen Mary, llegando, en ocasiones, a viajar con más tripulantes que pasajeros, hasta que finalmente en 1967 fue retirado del servicio y vendido a la ciudad de Long Beach con la intención de albergar un museo oceanográfico y un hotel.

Hoy en día, poco queda del Queen Mary original. Tras pasar por varias empresas gestoras y diversos proyectos de remodelación, gran parte de las instalaciones y la maquinaria original han desaparecido o han sido reformadas, tanto en su forma como en su funcionalidad. Aún así, son varias las maravillas que aún permanecen y que conviven con nuevos alicientes que garantizan la supervivencia de este barco histórico.

Nuestra Visita

Antes de llegar a Long Beach, una pequeña curiosidad muy de la Ruta 66. Si se baja por la Interestatal 405, a la altura de Carson, a mano derecha, podemos observar uno de esos gigantes hombre-anuncio tipo Muffler Man. Se trata del Golf Guy, que nos da la bienvenida a un campo de golf que ya no existe.


Como ya explicamos en su día, llegamos al puerto del Queen Mary con poco más de hora y cuarto antes de la hora de cierre, así que tuvimos que saltarnos la visita al Scorpion, un submarino soviético anclado en el mismo lugar, y centrarnos en el pez gordo a paso ligero.

Submarino B-427 visto desde la proa del Queen Mary
De entrada decir que un servidor disfrutó como un crío chico de la visita, aunque fuese rápida. El Queen Mary es un navío impresionante en su tamaño, bastante más de lo que fue el Titanic en su día, y me encantan los barcos, así que ya os podéis imaginar la emoción de corretear por sus entrañas.


Nuestra primera incursión fue por la popa, a una gran sala-museo llena de maquetas, fotos y esquemas del barco. Bajando unas escaleras, la primera sorpresa: la sala de máquinas. Varios niveles de escaleras y pasadizos llenos de maquinaria, tubos, manómetros y motores que se pueden recorrer libremente.



De vuelta al exterior, visitamos todo lo que pudimos de las cubiertas, de proa a popa. Las cubiertas de recreo, el café-mirador, la pequeña capilla de bodas que hay en la cubierta de popa...



Otra zona interesante es el puente de mando, donde se pueden admirar el timón, los despachos del capitán y los oficiales y acceder a las garitas de vigilancia anti-icebergs, desde donde se aprecia una bonita perspectiva del barco. La antigua estación de radio es de las pocas estancias que siguen manteniendo su funcionalidad, y hoy en día aloja una emisora amateur, la W6RO.




En el interior del navío actualmente hay un hotel, y aunque se han perdido muchas de las instalaciones originales, o se han integrado en una galería comercial, aún se conservan el hall, las escaleras principales y los camarotes.

Galería comercial. Antiguamente alojaba servicios como la biblioteca o la guardería.

Como ya he dicho antes, desde su adquisición por parte de Long Beach, el RMS Queen Mary ha sufrido diversos proyectos fallidos, se han abierto y cerrado restaurantes, hoteles y museos, incluso durante un tiempo todo el barco estuvo en peligro de desaparición por no resultar económicamente rendible. Una de las atracciones de más éxito de la actualidad es el tour Ghosts & Legends, incluido en el precio de la entrada. Nosotros llegamos por los pelos al último pase, a las 7 de la tarde.


El tour consiste en una visita guiada, a cargo de dos guías siniestros, que nos introducen en la crónica negra del Queen Mary. Es una especie de túnel del terror, y aunque se necesita un nivel medio-alto de inglés para entenderlo todo, la experiencia es divertida y se pueden ver la piscina cubierta de primera clase, la sala de calderas y varios pasillos, ascensores y recovecos que de otra manera son inaccesibles al público.

¿Fantasmas?

Por desgracia, Ghosts & Legends no está exento de cierta polémica, ya que su popularidad está frenando la restauración de la piscina y otras salas ocupadas por el tour. Y es que hay quien piensa que el Queen Mary está desaprovechado, ya que una gran parte del mismo se encuentra en desuso o mal restaurado.

En cualquier caso, fue uno de los lugares que más disfruté en nuestro viaje por la Costa Oeste y me quedo con la espina de no haber podido dedicarle más tiempo. Os pongo el enlace a la web oficial para que veáis todas las visitas guiadas, exposiciones y servicios que se ofrecen. Visita muy recomendable.

http://www.queenmary.com/

1126 Queens Hwy, Long Beach, CA, Estados Unidos
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